Elegir parrilla es casi una cuestión de Estado. Más allá de gustos, hay decisiones prácticas que definen si el asado sale bien y si la parrilla dura años a la intemperie.
Carbón, leña o gas
A carbón es la opción más elegida: prende rápido y da buen sabor. A leña da el sabor más tradicional, pero necesita más tiempo y espacio para hacer las brasas. A gas es práctica y limpia, ideal para balcones donde no se puede hacer fuego con brasas (revisá siempre el reglamento de tu edificio).
Tamaño según cuántos son
Pensá en la cantidad de comensales habitual, no en el asado de fin de año. Una parrilla demasiado grande desperdicia carbón; una muy chica obliga a cocinar en tandas. Para una familia, una superficie de unos 60 a 80 cm de ancho suele andar bien.
Material: hierro, chapa o acero inoxidable
El hierro fundido o la chapa gruesa retienen bien el calor, pero se oxidan si no se cuidan. El acero inoxidable resiste mejor la intemperie y se limpia fácil. La chapa fina es la más económica, pero se deforma con el calor intenso en poco tiempo.
Detalles que hacen la diferencia
Una parrilla con altura regulable (sistema de manivela o niveles) permite controlar el fuego sin mover las brasas. Las rejillas en V juntan la grasa y evitan llamaradas. Un brasero o espacio para hacer brasas aparte es muy cómodo. Las ruedas suman si la vas a mover.
Portátil, de pie o para empotrar
Las portátiles sirven para camping o balcón; las de pie con estante son las más versátiles para patio; las empotrables necesitan un quincho o una obra. Fijate las medidas y el peso antes de comprar, sobre todo si va a un balcón.